ABURRIRSE ES BESAR A LA MUERTE


«No consiste más —dice una figura bien vestida enfrente de un lago— que en un monóculo sin cristal con el cual yo veo las cosas de relieve, anotando todo lo que tienen de extraordinario». Entonces este hombre saca de su bolsillo interior un objeto redondo y, efectivamente, sin cristal. Lo coloca en su ojo y hace un par de malabares, se lo quita, saca otro: «Para los salones —continúa diciendo, articulándose ante una multitud invisible—, tengo como invención de última hora el monóculo del nuevo rico, el monóculo del nuevo rico que brilla bajo la luz espléndida de las arañas y, que le da a uno, un tono de barón, de barón de algo…»

Esa figura bien vestida que ahora saca un guante y empieza a cacarear como un gallo es Ramón Gómez de la Serna, un escritor madrileño que, junto a Gabriel Miró, Juan Ramón Jiménez y Ortega y Gasset, pertenecen a la generación del ’14.

* * *

Pero habrá de decir aquí, ante todo, que Ramón es vanguardista. Su obra literaria va desde los ensayos, novelas y obras de teatro hasta la autobiografía, buscando en ellas siempre una forma de innovar el texto. Y ninguna hay, quizá, más famosa, como lo son sus Greguerías: textos breves, casi aforismos, en los que busca encapsular un momento con humor e ironía.

Si copiásemos aquí las definición exacta del autor, ésta sería: humorismo + metáfora = greguería. Lo cual lo vemos reflejado cuando escribe: «El cisne mete la cabeza debajo del agua para ver si hay ladrones debajo de la cama». Pero si por otra parte nos adentrásemos a las páginas del libro y al hacerlo leyéramos: «La vida es decirse ‘adiós’ frente al espejo» entenderíamos que las greguerías son mucho más. Hay siempre en ellas una pequeña pizca del tiempo, un tiempo que Ramón hurta, que es suyo y nos permite verlo. Cada greguería es entonces un «nuevo mirar» con el monóculo sin cristal hacia cualquier parte: «Los bostezos son oes que huyen», «El Creador guarda las llaves de todos los ombligos», «Los paraguas son viudos que están de luto por las sombrillas desaparecidas», «El beso nunca es singular», etc., viendo esa realidad tan común y corriente una segunda primera vez, poniendo más atención en esa relación nunca antes pensada.

Ramón, que va dando las gracias con su guante y hace dos pequeñas reverencias en el video que se acaba, legó el humor y la reflexión de lo cotidiano. ¿Quién no ve la luna y todavía piensa en un conejo?


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