LA SEMANA DE COLORES

DE ELENA GARRO



Son 13 los cuentos que forman parte de este libro de una de las escritoras mexicanas más importantes del siglo XX: Elena Garro. A través de los textos, Garro nos presenta México, pero sin ese exotismo por el que otros autores apuestan, sin idealizarlo, sin degenerarlo: Elena Garro escribe el México que vivió.

En la mayoría de los relatos, el mundo que leemos está configurado por una mirada infantil que se cruza con elementos de lo fantástico, de lo mágico y, a veces, también se ve cruzada por situaciones trágicas. Así pues, con cada cuento nos aventuramos a nuevas posibilidades de personajes, de experiencias y de mundos.

En “El robo de Tiztla”, por ejemplo, observamos que la niña Evita no confiesa lo que vio cuando el policía le preguntó qué había pasado durante la noche. Había habido un robo en la casa de Evita; las mucamas declararon que vieron a varios hombres con antorchas bailando en el jardín, unas contaron más, otras menos, y una de las criadas, Lorenza, hasta perdió el habla por el susto. Pero nadie se había robado nada, solo destrozaron el bodegón: fue un robo sin robo, como dijo el policía.

Sin embargo, Evita, que se negaba a decir palabra al señor que le preguntaba, sabía qué había pasado. El secreto lo guardaba por inocencia, porque no quería que Lorenza se enojase otra vez con ella, porque se sentía culpable ya que lo que le había dicho, tan segura, a la criada había resultado ser falso: el oro de su papá no estaba en el bodegón.

Con esta niña llena de inocencia contrasta Leli, en “El Duende”, quien confesó a su mamá haber querido matar a su hermana Eva. Leli había comido una hoja de una planta del jardín y se sintió envenenada y traicionada por su hermana, quien le había dicho: “El Duende es muy amigo mío y ya les quitó el veneno a todas las plantas” (153). Luego, Leli quiso vengarse y tuvo la idea de matar a Eva: le dio a probar una de las hojas, la envenenó. Las hermanas se dejaron de hablar, hasta que un día en el jardín ambas acordaron que había sido El Duende quien hizo las maldades. Estrellita, la otra hermana, escuchó eso desde los tejados de la casa y supo que El Duende no era el culpable; se dio cuenta de que “Eva es una mentirosa y Leli es una matona” (161): El Duende tenía en Estrellita a su amiga.

Otro de los cuentos que aparecen en el libro, uno de los más reconocidos en la cuentística mexicana, es “La culpa es de los tlaxcaltecas”. Garro narra la historia de la señora Laura, quien mantiene una relación amorosa con su primo que “nació sin suerte”, como ella dice. Su amante es considerado por la policía, por la mamá de Pablo y por el mismo Pablo, esposo de Laura, un indio y un salvaje. A los ojos de los demás, y esto lo entienden Laura y su primo, ella es una traidora.

En el cuento vemos la tensión que existe entre “los indios” y “los de la ciudad”. Observamos también la posición de las mujeres en esa sociedad mexicana: son un otro reducido por los hombres. Si Laura representa a aquellas que pertenecen a “las de la ciudad”, Nacha, la criada, representa a un grupo todavía más marginal. No obstante, también leemos la historia de amor, complicada, sí, pero de amor al fin, aunque se diga prohibido. Es un cuento maravilloso, con tantos aspectos para tomar en cuenta, que hasta me apena la reducción que hago en estas líneas.

Elena Garro nació en Puebla; es una de las escritoras mexicanas más importantes del siglo XX. En La semana de colores, como ya dijimos, presenta nuevas posibilidades, experiencias, mundos, en cada cuento: “son muchos cuentos: cada color es un cuento” (XVIII). Quizás, esta obra es una aproximación a cómo no solo podemos ver colores, sino también leerlos.

JESÚS RODRÍGUEZ BARRERA


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