Don Juan Tenorio de Zorrilla

“Don Juan Tenorio” de Zorrilla

Hay algunas frases y figuras que todos y todas, o al menos la mayoría, conocemos. Quizás una de las figuras más famosas en la cultura iberoamericana es la de un donjuán. Seguramente hemos escuchado en alguna ocasión que alguien dice a otra persona “eres un donjuán” o “él es un donjuán”, cuando quiere hacer referencia a que es un seductor.

Pues bien, si queremos rastrear el origen de esa figura, daremos con Tirso de Molina, quien creó al personaje Don Juan, apoyándose en elementos folclóricos medievales (romances y cuentos populares), y lo retrató en su obra El burlador de Sevilla. Así, recogiendo el mito de don Juan, Tirso escribió sobre un personaje que, posteriormente, sería aprovechado por otros autores. Tal fue el caso de Molière, Byron, Baudelaire, Mozart, entre otros.

Sin embargo, de todas las obras que tratan sobre Don Juan, hoy nos ocuparemos de la de José Zorrilla: Don Juan Tenorio. En este drama romántico, dividido en dos partes, Zorrilla nos cuenta la historia de un seductor, sí, pero es mucho más que eso.

El protagonista, don Juan Tenorio, apuesta con don Luis Mejía quién de los dos podría obrar peor y terminar con mejor ventura en el plazo de un año. Don Juan da cuenta de sus acciones durante el tiempo fijado y resulta ganador de la apuesta: “Por donde quiera que fui, / la razón atropellé, / la virtud escarnecí, / a la justicia burlé / y a las mujeres vendí. / Yo a las cabañas bajé, / yo a los palacios subí, / yo a los claustros escalé, / y en todas partes dejé / memoria amarga de mí” (30). En fin, durante ese año, don Juan mató a 32 personas y sedujo a 72 mujeres.

Sin embargo, don Juan, hombre maleante y orgulloso, no se satisfizo y pactó otra apuesta con don Luis: seducir a doña Ana (prometida de este) y también a doña Inés (prometida de aquel). Así, la primera parte de la obra se centra en las acciones que don Juan hace para ganar, otra vez, la apuesta a don Luis, y las que este hace para evitar perder. En la segunda parte, Zorrilla nos presenta la conclusión de don Juan y en palabras de Julio Torri: “logró infundirle un misterioso poder sobrenatural”.

Entonces, conforme leemos los diálogos de los personajes, vamos descubriendo que el protagonista es un sujeto infame, egoísta, criminal, que se aprovecha de las personas y las engaña. Y esto lo hace, sobre todo, con las mujeres, por ejemplo, con Inés, que no es sino una joven de 17 años que lleva casi toda la vida enclaustrada, y a quien enamora con engaños y con ayuda de sus criados.

Ahora, nosotras y nosotros, lectoras y lectores, no somos los únicos que, espero, comprendemos a don Juan como un ruin hombre. Es opinión de algunos personajes en la obra que don Juan es muy malvado, aunque audaz, y también es constantemente comparado con el diablo. Bien, es obvio que no tenemos que estar de acuerdo con sus actitudes, pero leerlas y entenderlas nos permite, me parece, hacer una mejor labor crítica, si queremos hacerla.

Esta obra dramática es una de las más importantes del romanticismo español y varios estudiosos y críticos lo han reconocido. Julio Torri, por ejemplo, escribió: “Su drama Don Juan Tenorio es lo único que sobrevive de la escena romántica española… En sus versos briosos y rotundos [Zorrilla] acertó a dotar a su héroe de un poder de seducción sobrenatural”.

Por otra parte, Alas “Clarín” expresó: “Don Juan Tenorio es grande, como lo son la mayor parte de las creaciones de Shakespeare… Una buena prueba de gusto fuerte, original, se puede dar entusiasmándose… al ver a don Juan seducir a doña Inés y burlarse de todas las leyes”.

Muchas han sido las adaptaciones de este drama de Zorrilla: algunas hechas en televisión y otras que se hacen todavía en teatro. Desde la Biblioteca “Manuel Fernández Trava”, del Centro Cultural Lorca, te invitamos a leer la obra que apasionaba tanto a don Víctor Quintanar, quien consideraba que era lo mejor que se podía representar, y que llenó de éxtasis a doña Ana Ozores: Don Juan Tenorio de José Zorrilla.

BR. Jesùs Rodrìguez Barrera.


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